UN POCO MÁS SOBRE ALBERT & FUENTE…

Hablamos con Leandro Fuente y Rodrigo Albert sobre su relación con la música y sobre este emprendimiento musical. Nos contarán con que enfoque nació y cómo está evolucionando su proyecto

 

¿Cómo entraste en contacto con el mundo de las guitarras?

LF: Nací en la ciudad de Buenos Aires y desde niño estuve en contacto de una u otra manera con el mundo de la música. Gracias a las frecuentes idas y venidas a la tienda musical de mi barrio en el 2000 entré a trabajar en ella y fue ahí donde coincidí con profesionales que hacían trabajos de afinación o reparación. Desde el principio me provocó mucha curiosidad y presté mucha atención a las técnicas de reparación, ajuste y mantenimiento de los instrumentos. Y poco a poco empecé a encargarme de algunas reparaciones. Tuve la suerte de trabajar con gente que ya tenía nombre y hacían cosas de muchísima calidad y aprender con ellos.

Cuando empecé a hacer reparaciones solo, comencé por amigos y conocidos y poco después ya empecé a hacer encargos para terceros que tenían un ojo más crítico sobre el trabajo que les realizaba

Luego, cuando llegué a Barcelona continué trabajando en tiendas de música y a cada paso que daba iba mejorando mi nivel técnico hasta llegar a satisfacer a los clientes más exigentes.

 

¿Cuándo sentiste que era el momento de crear tu propia guitarra?

LF: Poco a poco una cosa fue llevando a la otra y conocí a Rodrigo precisamente porque era un cliente asiduo de la tienda de instrumentos donde yo trabajaba en Barcelona. Y nuestras conversaciones siempre acababan en como mejoraríamos tal o cual guitarra…Un día Rodrigo vino con la idea de construirse un bajo, lo hizo, me lo mostró y acabamos habilitando un almacén de su empresa de restauración para empezar a crear nuestra propia guitarra…Me dijo “tu vente que allí tengo todas las máquinas” (risas). Al final tuvimos que comprar todo (risas) y el proyecto fue creciendo hasta ocupar todo el espacio y ya estamos previendo que en breve tendremos que mudarnos a un espacio más grande y en el que tengamos más interacción con el público.

 

¿Por qué guitarra española?

LF: La verdad, es que no supe apreciar la guitarra española hasta que fui adulto a pesar de que la mitad de mi familia es española.

Imagínate… (risas) que de adolescente empecé tocando punk en una bandita con los chicos del barrio. Escuchábamos a Los Ramones y sonábamos muy amateur (risas). Por entonces, ni si quiera era consciente de que la guitarra española requería de otra técnica, pero ya estaba apasionado con los instrumentos de caja porque la manera de fabricarse, repararse y restaurarse es mucho más compleja.

Si bien anteriormente había fabricado guitarras eléctricas, cuando me vi cualificado para emprender un proyecto sólido de fabricación tenía claro que quería fabricar guitarra española.

Me vine a Europa precisamente con la idea de venir a formarme en las peculiaridades de este instrumento. Me hubiera gustado formarme como lutier en Cremona, que es el único lugar de Europa en que se realiza este tipo de formación, pero las cosas se dieron de otra manera…

Lo que más me interesa de la guitarra española es las posibilidades que ofrece en la parte acústica experimental. Ahí es donde se obtiene la personalidad y carácter de un instrumento y donde uno puede hacerse un constructor con un nombre propio y no simplemente hacer una reproducción. Porque eso es lo más fácil y con un mínimo de conocimientos técnicos y artesanos se consigue… sin embargo no todo el mundo puede imprimirle carácter a un instrumento porque eso requiere de experiencia y tiempo.

 

¿Qué hay de ti, Rodrigo? ¿Tienes una de las empresas de restauración de patrimonio de referencia en el sector? ¿Por qué te motivó a involucrarte en un emprendimiento musical como este ?

RA: Yo tengo una larga historia con la música, desde que tengo memoria en mi casa se oía jazz. Mi padre se levantaba y lo primero que hacía era poner un vinilo… Así a los diez años ya quería comprarme mis primeros LP. Mientras los niños de mi edad se compraban la música de los payasos de la tele, a mi me gustaba The Police…(risas).

La primera vez que agarré una guitarra tenía ocho años, pero este primer intento fue fallido porque como soy zurdo y la guitarra era de diestro, así es que la guitarra quedó varada en la tienda de reparación y nadie la fue a buscar…

A los catorce hice un nuevo intento esta vez tocando como un diestro en una bandita que formamos los amigos del barrio… A mi me tocó el bajo porque los demás lugares estaban ocupados (risas). Empecé a estudiar música y pasé por diferentes grupos. Después inicié mis estudios de Bellas Artes y los compaginé durante un tiempo con la música. Y a los 22 años tomé la decisión de centrarme en la pintura. Agarré el bajo lo y todos los instrumentos que tenía por entonces y los puse en venta.

Nunca dejé de escuchar buena música pero no fue hasta hace diez años, ya viviendo en Barcelona que me acerqué a la tienda de Leandro para volver a comprarme un bajo. Y así empecé a tocar de nuevo. Al principio, tuve que practicar mucho para volver a mi antiguo nivel y cuando lo conseguí cambié ese bajo por uno de mayor calidad.

Cada quince días pasaba por la tienda, quizás para comprar un juego de cuerdas, o tal vez solo para conversar con Leandro.

Yo tenía un taller de mi empresa de restauración donde tenía un espacio, y como siempre tuve ganas, intenté construir un instrumento. Me compré unas cuantas máquinas y empecé a experimentar. Primero me hice un bajo y luego traté de hacerme un Chapman stick que resultó finalmente un bajo de seis cuerdas (risas). No tomé medidas ni compensé el cuerpo con el mástil, pero acabó sonando decentemente… Y así es que terminé compartiendo con Leandro esta nueva inquietud. De ahí surgió la idea de hacer algo en común.

En ese momento, nos unió el autodidactismo, si no, no se nos hubiera ocurrido algo semejante. Porque en este mundo de la fabricación de instrumentos sino te une un lazo familiar con un lutier o estás en una determinada zona como Cremona o Andalucía es muy complejo llegar trabajar en esto.

 

¿Os consideráis lutiers?

RA: No, no nos consideramos lutiers. Las tradiciones de fabricación de instrumentos se guardan de generación en generación y difícilmente se trasladan a terceros. Son secretos y técnicas que o descubres por ti mismo o nadie te los va a revelar salvo que seas familiar y te vayas a encargar de perpetuar esa tradición.

Pero en este sentido he de decir que nuestra primera pretensión tampoco fue convertirnos en lutiers o hacer guitarras totalmente hechas a mano. Nuestro objetivo siempre fue hacer guitarras de calidad aunque parte del proceso esté mecanizado.

Sin embargo eso no implica que seamos una fábrica de guitarras porque no realizamos un control de calidad automático sino que nosotros realizamos un acabado único para cada instrumento. Invertimos el tiempo que sea necesario en la puesta a punto final de cada uno de los elementos que condicionan el colorido tímbrico final de la guitarra.

 

¿Cómo se ha ido desarrollando este proceso de experimentación, e I+D ? ¿Cuánto tiempo lleváis desarrollando vuestras guitarras?

LF: Han pasado dos años desde que iniciamos este proyecto en enero de 2014, pero yo ya había iniciado este camino en Buenos Aires. Allí aprendí como distinguir una madera, como seleccionarla, como trabajarla, pero es verdad que no al nivel técnico que tengo hoy. Ahora sé que para obtener ciertas resonancias y colores tímbricos se hacen ciertas modificaciones, y esto viene de un resumen de experiencias y de haber probado muchos instrumentos.

 

¿Cuál es la meta de este proceso de investigación y experimentación?

LF: Nosotros queremos que de este proceso salga un instrumento con voz propia y con un carácter muy personal de nuestra marca.

Como ya hemos dicho en Albert&Fuente no tenemos el enfoque de un lutier que espera a que venga el cliente para encargarle el instrumento para empezar el proceso, sino que creemos en generar instrumentos con el suficiente atractivo y calidad para todos los guitarristas.

RA: Nosotros fabricamos guitarras. Y en este sentido no tenemos un enfoque totalmente artesano… Sí queremos que cada guitarra sea única y le ponemos cariño, pero nuestro modelo comercial no es artesano.

Es verdad que vamos hacia un nivel técnico que en un futuro nos podría acercar a la manera moderna de hacer de un lutier, pero Albert&Fuente nació como un emprendimiento de guitarras de calidad, no como un taller de lutiers.

En eso no tenemos pose y eso precisamente es lo que nos da tanta libertad, porque no partimos de conceptos predeterminados ni partimos de ninguna escuela de construcción determinada y por eso no damos por sentado nada en nuestras investigaciones.

Y esa falta de condicionamientos nos ha llevado, por ejemplo, a innovar con nuevos materiales.

Hicimos una selección de madera de alta calidad y elegimos tres o cuatro tipos que tradicionalmente no se han utilizado mucho pero nos ha funcionado muy bien. Además contamos con un suministro confiable y podemos regular la producción de nuestras guitarras, lo que finalmente influye en el precio final del producto.

 

¿Entonces, os consideráis un proyecto híbrido en vuestra forma de trabajar?

LF: Bueno, hemos estandarizado procesos que inicialmente se hacían a mano. Por eso hemos automatizado la mecanización de los mástiles y así hemos conseguido un sistema de calibración optimizado.

Pero aunque entendemos que hay cosas que hay que trabajar de manera muy manual, lo artesanal a veces genera demasiadas variables que restan precisión al instrumento y por eso no hemos dudado en invertir tiempo y recursos para estandarizar procesos.

En este sentido, sí somos un proyecto híbrido, porque queremos mantener tanto lo artesanal como la mecanización porque creemos que ambas maneras de hacer las cosas aportan valor a nuestras guitarras. Por ejemplo, volviendo al proceso del mástil, el acabado se hace con un pulido artesanal que le da identidad.

En resumen, hacemos a mano los remates, los ensamblados, ajustes, y todo lo que supone la parte fina y delicada del instrumento, pero los desbastes y los cortes están mecanizados porque entendemos que esto no afecta a la calidad técnica del instrumento sino todo lo contrario, aporta una estandarización óptima.

 

¿Cuál es el valor de vuestras guitarras?

En conclusión, nosotros valoramos por encima de todo el cuidado y el carácter especial de cada instrumento. Nuestras guitarras son instrumentos que nosotros nos compraríamos. Y en este sentido queremos un instrumento que tenga en cuenta precio, calidad y acabados. En suma: equilibrado.

 

albertyfuentes

Leave a Reply Text

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial